Hace unos días, leyendo un artículo de mi mejor amigo (que es también mi escritor favorito), descubrí algo que cambió para siempre la forma en la que veo a los hombres, algo tan sencillo que debió de haber sido siempre obvio. Una verdad tan simple que de haberlo sabido antes me hubiera ahorrado tantas horas de duda e incluso lágrimas. Pon mucha atención, porque esto es oro puro.
Una vez que sepas esto, te juro que no volverás a quebrarte la cabeza pensando si de verdad ese hombre tiene interés en ti (¡Dios! ¡y es tan ridículamente obvio!).
Si le gustas a un hombre, sencillamente lo vas a notar, de la misma manera en que notamos si le agradamos a una compañera de trabajo o si por alguna razón nos odia. Es lo mismo que las luces de los semáforos en la calle o que la publicidad en la televisión. Un hombre nos enviará las señales que crea convenientes para que notes su interés.
Eso sí, que si su estrategia es buena o mala, dependerá de sus propios conflictos internos y la seguridad en él mismo. Si tiene una buena autoestima y cree que no lo rechazarás, se acercará con su mejor sonrisa y tratara de conversar casualmente contigo. Si es verdaderamente valiente, irá al grano con una invitación a salir (o incluso una propuesta más elevada de tono, a todas nos ha pasado alguna vez)... Pero puede que no seas tan afortunada y que en su timidez se limite a mirarte varias veces al día desde el otro lado de la habitación... ¡O peor aún! ¡Que se ponga en su papel de patán -o al menos contigo y más que con cualquier otra mujer a la redonda! (¡en ese caso, sal corriendo antes de que sea demasiado tarde! o no digas que no te lo advertí).
Seamos sinceras chicas, siempre lo sabemos en el fondo pero nos cuesta trabajo entender: si no vemos ninguna señal es porque sencillamente no le gustas...
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